Requena Nozal
Encáustica.
(Del lat. encaustĭcus, y éste del gr. Eγκαυστικoς, grabar a fuego).
1. adj. Pint. Dicho de una pintura: Hecha al encausto.
2. fr. Pintura con adustión o por medio del fuego, ya con ceras coloreadas y desleídas aplicadas por medio de un hierro caliente, o bien calentando los colores previamente, aplicándolos al cuadro con pincel, ya pintando en marfil con punzón o buril encendido, o ya con esmalte sobre vidrio, barro o porcelana.

 La invención de la encáustica se atribuye a Polignoto. Pero con los descubrimientos de las tumbas de la antigua Tebas, en Egipto, se dieron a conocer muchos de los utensilios y pigmentos que emplearon en sus pinturas: piedras para triturar los colores, moletas, cañas con un extremo fibroso y suave para el calco de los dibujos y aplicación de los colores, paleta con huecos o recipientes, etc. Los colores que usaban eran azules de esmalte y egipcio, cinabrio, rojo, amarillo índico, ocre, pardo, verde y negro; éstos, mezclados con cera y disueltos en óleo; también utilizaron la cera y diversos barnices para proteger la pintura e hicieron uso de diferentes resinas disueltas en óleos fijos y volátiles.

 Paillot de Montabert, discípulo de David, supone que los egipcios, que tanto se preocuparon por la permanencia de sus obras, conocían las propiedades de la pintura al óleo y si no hicieron uso de este procedimiento fue por la poca solidez que en él apreciaron.

 Los griegos siguieron utilizando esta técnica, y aunque Plinio fue el único que hizo una breve y poco clara mención del procedimiento, se ha investigado con toda certeza, que la cera blanca de abejas era mezclada con pigmentos en polvo, formando panes que guardaban en cajitas; al pintar, los disponían ante sí en recipientes separados de madera o terracota y con una especie de punzón candente tomaban y aplicaban el color sobre el muro o tabla. El calor del punzón, al licuar la cera, hacía que ésta se adhiriese y seguidamente, volviendo el punzón, que en su otro extremo tenía un terminal plano, extendían, unían y esfumaban las tintas.

 En el antiguo imperio romano, la encáustica conserva las características de su origen griego, desarrollándose plenamente, como lo demuestran las ruinas de Herculano y Pompeya.

 Durante la Edad Media y el Renacimiento, esta técnica quedó prácticamente olvidada, sin embargo se siguió empleando como medium, según anotaciones de Leonardo da Vinci, para atenuar el color oscuro del medium de Antonello, formaba una mezcla de aceite y blanco de plomo con una parte igual de agua que hervía a fuego lento y luego, para que la pasta resultante fuese más maleable y dúctil, añadía, cuando estaba a punto de terminar la cocción un cinco o diez por ciento de cera de abejas. El nuevo medium de aceite espesado y la adición de cera a los pigmentos abría un campo sin límites a la improvisación y a la ejecución impetuosa. Muchas obras del Veronés, las más finas y menos decorativas, fueron realizadas de acuerdo con los métodos clásicos.

 Rubens molía sus colores con aceite negro. A éste y a todos los colores añadía cera de abejas disuelta en óleo y a proporción de un tercio de volumen de color.

 Van Dyck, gran discípulo de Rubens, estudió en porfundidad la química de los colores, siendo muy prudente en el empleo de éstos y del material. Aunque el medium denso de su maestro lo sustituyó por otro más fluido. Naroger dice que el medium que empleaba Van Dyck era el mismo de Rubens, aunque menos cocido y con menos plomo.

 La técnica de Rembrandt era la de Rubens, aunque usando la máxima cantidad de cera en los empastes. Los holandeses Teniers, Vermeer, Steen, Chegers, etc., utilizaron el medium de Rubens pero con muy pequeña cantidad de cera, quedando perdido su uso a finales del siglo XVII.

 De Caylus, erudito y gran estudioso del arte, resucita este viejo medio de ejecución y da a conocer los resultados de sus investigaciones por una memoria presentada en la Academia el 29 de julio de 1755. Su hallazgo era bastante imperfecto, pero tuvo la virtud de atraer la atención sobre el procedimiento y de motivar nuevas investigaciones sobre su práctica, a la que luego, en el siglo XIX, consagró el pintor Paillot de Montabert parte de su vida artística.

 Vilbert empleó un método de temple de cera y agua o glicerina con excelentes resultados. Artistas como Sartorio, Hiler, Heaton, Gambier, Parry, Taubenheim, Muller, Brangwyn y Laurie utilizaron el método óleo-cera. La bella cualidad mate de la cera, al ser incorporada al óleo, produce una hermosa y excelente sustancia que eleva y conserva la intensidad de los tonos. Las obras ejecutadas con esta materia por estos artistas alcanzaron resultados sorprendentes y bellísimos, de gran resistencia incluso en exteriores.

 Actualmente artistas mejicanos han resucitado este método y lo utilizan en la realización de sus murales.

 Requena Nozal inicia sus primeros trabajos a la cera y encaústica en el año 1968, abandonando progresivamente el óleo.
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